Relato erótico “Sol, playa y placer”.

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El sol de verano, la arena y el mar salado no son mucho de mi agrado, no lidio con la rigidez que cubre mi piel al salir del agua; pero, cuando lo que empieza a darme calor no es otra cosa que su mano que explora los bordes de la parte inferior de mi bikini, ¡todo eso se me olvida!.

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Me hace callar, la sombrilla debería ocultarnos lo suficiente de miradas ajenas, pero no me preocupa si no lo hace. Cierro mis ojos y me dejo llevar, toca mi prenda húmeda tras el baño, aunque comienza a estarlo también por esas oportunas caricias sobre mi intimidad. Siento un líquido caliente sobre mi pecho descubierto y abro mis ojos solamente para confirmar que su mano esparce por mi piel el protector solar, una excusa perfecta para poder acariciar mis senos y ensañarse con mis pezones a base de pellizcos y arañazos; la sigo con mi mirada hasta tropezarme con la suya.

Intento no moverme y ahogo un gemido al notar sus dedos en mi clítoris esparciendo mi excitación, mantengo las piernas ligeramente flexionadas, intento no arquear mi espalda; no hace falta volver a mirarla para saber que está disfrutando tanto o más que yo con esto. Sus caricias desaparecen de mi busto y son sustituidas rápidamente por algo frío, ato cabos enseguida, un cubito de hielo de la nevera portátil. Libero un suspiro casi imperceptible y pequeño y noto cómo el pedazo de escarcha se va deshaciendo demasiado rápido. El agua traza ríos en la piel de mi abdomen que fluyen hasta desaparecer en mis curvas.

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Me precipito a la sensación apresurada de un orgasmo que está cerca, creado por el roce de sus manos inquietas, la sensación del hielo contra mi piel caliente y la idea de que cualquiera podría sorprendernos en cualquier momento, la fórmula perfecta que cristaliza en el clímax más intenso del verano. ¡Tal vez hoy me guste un poco más la playa!.

 

 

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