Relato erótico “La primera squirter de mi vida”.

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Casualmente la conocí en una cena de negocios, su belleza física e intelectual me impactó de manera indescriptible, me quedé tan hipnotizado con ella que logré desviar el tema de trabajo y arrancamos con una amena conversación de dos nuevos amigos.

Le conté quienes eran mis padres y me di cuenta que tenía tanto material como para escribir un libro, pues quería demostrarle que no salía con cualquier tipejo, sé que la excito, lo veo en su mirada lo siento en su respiración, aparenta concentrarse en mi historia y en seguir tapando sus piernas con su abrigo, pues con algunas copas encima me atrevo a ir más allá y meto mis manos entre sus piernas como si fuera una larga caricia.

 

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Le sonrío y le digo que siempre toco a mis amigas, sé que no me creyó pues me recordó que le había dicho que soy un manipulador, ¡vaya presentación mía!, me lanzó una sonrisa conquistadora de amantes ocasionales y sin preocupación me dijo que era igual que ella; entre manipuladores la escena sube de temperatura y van ocurriendo las cosas deprisa, pues saciar el deseo ya se había convertido en una urgente exigencia.

Continúo acariciando su entrepierna, sus medias me vuelven loco, ella me ruega que no lo haga, no se atreve a tocarme, pero sus ojos la delatan. Doy el segundo paso y pido permiso para besarla, ella acepta, fue un cruce de besos que ya ni recuerdo cuántos fueron, atrapo su mano y la coloco en mi miembro duro como un ladrillo, la miro y noto que no le da vergüenza que la mesera nos vea hacerlo.

Casi borrachos salimos a caminar, buscamos un lugar donde nuestro deseo sexual pueda ser saciado, donde nuestros cuerpos desnudos puedan unirse y desbordar la pasión que llevábamos retenida, un hotel, un motel, un garaje. No hubo habitaciones así que terminamos teniendo sexo rápido en el taxi que nos llevaba a mi casa. Ya en mi cama todo pasaba más rápido aún, la ropa volaba por aquí por allá, no hay tiempo para besarnos o preguntarnos nada.

La abro de piernas y le hago lo que le prometí al oído, confiada en que la música la puede tapar, gime sin darse cuenta que la opaca, me da el indicio de que se deja llevar y que ha perdido el sentido. Concentrado en hacerlo bien, la chupo con dedicación y me pide que introduzca mis dedos para una perfecta estimulación.

 

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Lo que ella no me ha contado es que he abierto una caja de sorpresas, nada nos avergüenza, ella gime hasta estallar en un orgasmo que me baña la cara y se escurre hasta el piso; conmovido por ver tan delicioso río de placer le doy las gracias por haber conocido a la primera squirter de mi vida.

 

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